martes, 20 de mayo de 2014

¿Es compatible ser feminista y tener empleada doméstica?

Artículo sin desperdicio y tema a estudio :


¿Es compatible ser feminista y tener empleada doméstica?
Beatriz Gimeno considera prioritario debatir sobre cómo intervienen las lógicas patriarcales y capitalistas en la contratación de las limpiadoras. ¿A quién libera y a quién precariza? ¿Es posible revalorizar este trabajo y desligarlo del género?

Dice Beatriz Gimeno es que para que sea efectivo el no tener criadas hace falta que haya políticas públicas (o colectivas en versión no estatista) que respondan a las necesidades de cuidados.

Blanka Barrio

Ya tenía en mente escribir sobre el trabajo doméstico remunerado cuando, leyendo el libro ‘Cómo ser mujer’ de Caitlin Moran, que me habían recomendado algunas amigas, me encontré con la siguiente opinión de la autora: “Tener una empleada del
hogarhttp://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png no tiene nada que ver con el feminismo” (p. 99). Y me di cuenta de que esta es una opinión muy extendida, muchas amigas feministas piensan así. Casi al mismo tiempo, revisando algunos textos, me encontré con que en Suecia la socialista Kristina Hultman se hacía la siguiente pregunta: “¿Pueden las mujeres que contratan a otras mujeres para que limpien sus casas ser llamadas feministas?”. Estas dos opiniones, ambas expresadas por mujeres feministas, me sirven para enmarcar un debate que siempre he considerado fundamental y que, aunque se abordó muy ampliamente en los años 80, en España hace tiempo que está silenciado.

Las asistentas no liberan a las mujeres de clase media de hacer este trabajo; liberan a los hombres de hacer su parte. ¿Por qué van a pelearse las mujeres con sus compañeros si pueden
pagarhttp://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png a otras mujeres y olvidarse?

Antes de nada considero necesario aclarar dos cuestiones: una, que dada la complejidad de un asunto que tiene que ver como poco con el género, la división sexual del trabajo, la definición misma de “trabajo”, el capitalismo global, las migraciones etc. cualquier cosa que pueda escribir aquí no serán sino pinceladas de brocha gorda exentas de las siempre ricas matizaciones. Y dos: que esa complejidad exige acotar el concepto de trabajo doméstico remunerado, cuya definición es de por sí muy compleja. No es lo mismo trabajar de asistenta en una casa de clase media en Madrid que ser empleada doméstica en Nicaragua o en Kuwait. Ser mujer, de clase trabajadora, en una sociedad muy desigual, ser además indígena o inmigrante, configura una realidad completamente diferente con matices inabordables para un post. Así que aquí no hago referencia al trabajo reproductivo general, ni tampoco al llamado trabajo de cuidado especializado. El trabajo doméstico remunerado sería un eslabón más de cualquiera de esos dos ámbitos más generales.

Mi opinión respecto a los cuidados, expresada muy sucintamente, está en la línea de des-familiarizarlos, des-generizarlos, profesionalizarlos y socializarlos; es decir, hacerlos objeto de las políticas públicas. Considero el cuidado como un derecho y una necesidad de las personas. Necesidad de unos y unas que no puede convertirse en obligación para otras y derecho que, en mi opinión, no puede confiarse al mercado. Creo que es una cuestión ideológica y de derechos irrenunciables que niños, niñas y personas enfermas y/o dependientes estén bien atendidas y que tales cuidados y el ejercicio de tales derechos no dependa de que las mujeres abandonen el mercado de trabajo, se inserten en él en peores
condicioneshttp://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png o se carguen con una doble jornada extenuante.

Con “trabajo doméstico remunerado” me refiero aquí a ese trabajo que queda por hacer en la casa incluso con la existencia de políticas públicas eficientes; me refiero a ese trabajo que es el que hace que, incluso en países con importantes políticas públicas en esta materia, las mujeres sigan cargando con una doble jornada que sigue siendo un importante condicionante en sus vidas y un impedimento para la igualdad de género. Resumiendo: me estoy refiriendo al trabajo de la limpieza fundamentalmente, y también a hacer la compra, cocinar y al cuidado básico de niños. Acotando aun más el concepto para que quede claro: me estoy refiriendo a las asistentas.

En los años ochenta, el feminismo en España habló mucho acerca del trabajo doméstico remunerado desde todas las perspectivas posibles, pero es verdad que, en la actualidad, este debate parece haber perdido complejidad teórica para reducirse a la mera reivindicación de mejores condiciones laborales para estas trabajadoras; sobre su falta de derechos y su frecuente explotación. Me sorprende que en la actualidad apenas haya debate ideológico acerca de la consideración ética de este trabajo. En ese sentido, volviendo al libro de Moran, es evidente que no comparto su opinión acerca del trabajo doméstico. Por el contrario, creo que este es uno de los temas feministas por excelencia.

El trabajo doméstico remunerado depende de la división sexual del trabajo, como todo el trabajado reproductivo o de cuidados, pero al mismo tiempo tiene que ver con la manera en que este trabajo se inserta en el capitalismo, con las características del trabajo feminizado: desvalorizado social y económicamente. Es una cuestión de género y es una cuestión de clase. ¿Cómo no va a tener que ver con el feminismo? Mis amigas feministas se enfadan conmigo cuando les digo que las asistentas han permitido a las mujeres de clase media escapar de algunos de los aspectos más pesados del patriarcado traspasando la carga sobre mujeres de clase obrera, pero esto es una realidad indiscutible, aunque podríamos decir que también inevitable.

La existencia del trabajo doméstico como algo adscrito a las mujeres es reciente y es una poderosa herramienta de género. Desvincularlo de este debería ser prioritario para el feminismo; no basta con que lo hagan “otras” mujeres

El feminismo liberal defendía tradicionalmente que, desde el punto de vista feminista, poder contratar a alguien para que realice el trabajo doméstico permite a muchas mujeres liberarse de la doble jornada que les impide competir con los hombres en el ámbito público; planteaba entonces que para las mujeres que están en el ámbito público poder tener asistenta es casi una necesidad. Este feminismo defendía también que éste es un nicho de trabajo para muchas mujeres que ingresan así en el ámbito del trabajo remunerado, con la importancia que esto tiene para su autonomía. En la actualidad, en España al menos, casi todas las corrientes feministas opinan que lo que hay que hacer con el trabajo doméstico remunerado es revalorizarlo social y económicamente.

Pero lo cierto es que las asistentas no liberan a las mujeres de clase media de hacer este trabajo y que plantearlo así no es feminista, aunque sea práctico. La verdad es que, en realidad, liberan a los hombres de hacer su parte. Si este trabajo se repartiera por igual entre todos los miembros de la familia (hijos e hijas incluidos) las mujeres no se verían sometidas a esa doble jornada y no se contribuiría a perpetuar (material y simbólicamente) la división sexual del trabajo. Si bien el feminismo es teóricamente partidario del reparto del trabajo doméstico entre los integrantes de la familia, lo cierto es que hay muchas más partidarias de revalorizarlo que de entrar a fondo en la cuestión del debate. Es normal. ¿Por qué van a pelearse las mujeres de clase media con sus compañeros si pueden pagar a otras mujeres para que lo hagan y olvidarse? Todas sabemos que luchar por repartir al 50% el trabajo de casa es entrar en una guerra de desgaste con muchas posibilidades de salir derrotada. Pero si no libramos siquiera esa batalla doméstica, ¿cómo vamos a ganar ninguna otra?

Roswitha Scholz introduce la idea de que este trabajo no está devaluado porque lo hagan mujeres, sino que las mujeres están adscritas a él porque previamente han sido definidas por una serie de cualidades que son las necesarias para realizar este trabajo y cualquier otro que esté feminizado (paciencia, amor, empatía, meticulosidad…). En este sentido, tampoco conviene olvidar (y aquí entraríamos en el debate sobre la definición de trabajo doméstico en general) que en el capitalismo todo trabajo que no priorice la producción de mercancías, que no genere beneficio, no es trabajo. La cuestión es, entonces, si es posible (re)valorizar el trabajo doméstico, como quiere una parte del feminismo, y si es posible desligarlo del género.

Mi opinión es que esto no es posible por muchas razones. Como dice Frigga Haug, este trabajo exige una gran inversión de tiempo pero ninguna capacitación, no es susceptible de automatización y, sobre todo, una parte de él es prescindible, y cada vez más. Alguien tiene que parir y alguien tiene que cuidar a los niños y niñas, enfermos o dependientes, esto es una necesidad social, pero la casa puede estar menos limpia y la comida menos elaborada. Algunas feministas han llamado la atención sobre los estándares de limpieza que mueven el mercado y que configuran este trabajo también como una cuestión psicológica.

Si este trabajo se revalorizara de verdad, la mayoría de las mujeres/familias no podrían pagarlo. Si pueden contratar a una asistenta por horas es porque trabajan en condiciones de explotación económica

¿Necesitamos que todo esté tan limpio y ordenado como aparece en los anuncios, como lo tenían nuestras madres o abuelas? La realidad es que los estándares son variables y suben cuando contratamos a una persona para limpiar y suelen
bajarhttp://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png cuando lo tenemos que hacer nosotras mismas (o ellos).

Para tratar este aspecto del debate deberíamos tener en cuenta que el trabajo doméstico tal como lo conocemos ni ha existido siempre ni las mujeres han estado siempre adscritas a él, sino sólo desde que se produce la polarización extrema en la construcción del género, hacia el siglo XV; y sólo también desde que el capitalismo define el trabajo abstracto y lo vincula a la producción de mercancías, desde el XVII. Antes de eso, la contribución de las mujeres a la reproducción material era considerada de similar importancia a la del hombre.

Teniendo esto en cuenta, lo cierto es que, aunque en el último siglo este trabajo ha cambiado radicalmente, a veces nos seguimos refiriendo a él de manera ahistórica, como si exigiera lo mismo una casa y una familia del siglo XIX que una del XXI. Los
electrodomésticoshttp://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png, los productos de limpieza, la comida preparada o fácil de hacer, los muebles, el tamaño de las casas y el tamaño de las familias, han convertido un trabajo en el que era imprescindible ocupar muchas horas en algo que varía en función del tiempo que se le pueda dedicar, que a su vez está relacionado con la capacidad económica de la persona o de la familia en cuestión. Mi abuela dedicaba todo el día al trabajo doméstico, yo ocupo una hora diaria de media.

La existencia del trabajo doméstico como algo adscrito a las mujeres es reciente y es, al mismo tiempo, una poderosa herramienta de género. Desvincularlo de este, pues, debería ser prioritario para el feminismo; no basta con que lo hagan “otras” mujeres.

Hay otra cuestión, muy importante, a tener en cuenta. Si este trabajo se revalorizara de verdad, la mayoría de las mujeres/familias no podrían pagarlo. Si muchas mujeres de clase media (digo mujeres porque habitualmente son ellas las encargadas de contratarlo) pueden contratar a una asistenta por horas es porque estas mujeres trabajan en condiciones de explotación económica, con unos salarios bajísimos. Si el trabajo doméstico pasara a ser un trabajo socialmente valioso o normalmente remunerado, entonces no sería trabajo de mujeres. “La única manera de revalorizar este trabajo es que lo hagan los hombres”, dice Bang, pero lo cierto es que si los hombres lo hicieran, entonces las mujeres no podrían contratarlo; pasaría a ser trabajo de proveedor principal. Sólo en condiciones de salarios muy bajos pueden muchas mujeres -con salarios que tampoco son de proveedor principal- contratar este trabajo. Por tanto, que las mujeres españolas de clase media puedan contratar asistentas depende de que este trabajo sea barato.

Por eso sólo en los países con mucha pobreza (Latinoamérica, España hace décadas) o con muchas desigualdades sociales es normal que muchos hogares de clase media tengan una empleada del hogar diaria o al menos empleada muchas horas a la semana. Y por eso, cuando se aprueban leyes que pretenden regular y dignificar esta ocupación, el efecto es el de disminuir muy apreciablemente la demanda y de pasar parte de este trabajo a la economía sumergida, de hacerlo más invisible. El trabajo doméstico podría revalorizarse al precio de que sólo lo contrataran los ricos; por eso los únicos hombres que se dedican a esto lo hacen en los hogares de clase adinerada.

Nancy Fraser pone el dedo en la llaga al lanzar la siguiente pregunta ética: “¿Quién limpia la casa de la limpiadora?”

Pero más allá de estas consideraciones sociales y económicas, hay también una consideración ética que tiene que ver con la igualdad. Me parece que Nancy Fraser pone el dedo en la llaga al argumentar que el problema del trabajo doméstico remunerado, desde el punto de vista de la igualdad, es responder a la pregunta “¿Quién limpia la casa de la limpiadora?”. Fraser afirma que esta pregunta demuestra que el sistema, desde el punto de vista ético, está ocluido. La asistenta no puede contratar servicio doméstico que le haga el trabajo de la casa mientras ella está fuera haciendo el mismo trabajo. Si contratamos a una asistenta dominicana para que cuide de nuestros hijos, eso implica que ella ha dejado allí a los suyos. Nuestras condiciones de vida están ligadas a las condiciones de vida de las mujeres de los países pobres.

En resumen, si ponemos a otras mujeres a realizar el trabajo que nos libre de la doble jornada, las condenamos a ellas a asumirla sin remedio. La disponibilidad de mujeres inmigrantes o de clase trabajadora hace que el Estado/la sociedad no asuma sus deberes con los niños y las personas dependientes, libera a los hombres de ese trabajo y de esa responsabilidad y apoya una ideología de género opresiva al mantener estándares no racionales acerca de la limpieza de la casa y del cuidado de la prole. Mi opinión es que desde una perspectiva ética, feminista y anticapitaista es necesario asumir que hay una parte del trabajo doméstico que cada quien debe hacer por sí mismo o misma.

Es importante que quede claro que no pretendo culpabilizar a nadie, y mucho menos a tantas mujeres que no podrían haber salido al mundo público de no ser porque pudieron (porque pueden) contratar a otras mujeres, pero saber esto no quiere decir que no podamos reflexionar sobre ello.

La única respuesta a la pregunta de “¿quién limpia la casa de la limpiadora?” y “¿quién cuida a las criaturas de la cuidadora?” es que todo el mundo tenga acceso a las soluciones públicas respecto al trabajo de reproducción y cuidado imprescindible y que la doble jornada como tal, como doble jornada extenuante, no exista. Que lo que exista sea un cuidado básico del ámbito propio que cada quien haga en la medida que quiera, como lavarse o arreglarse una misma. De manera quizá un poco radical, la sueca María Schottenius escribe: “El primer mandamiento socialdemócrata para una mujer es este: debes limpiarte tu propia basura” (obviamente esto es aplicable también a los hombres). En una casa normal si todos asumen su parte (también los hijos) este trabajo se resolverá con un esfuerzo razonable.

Finalmente admitamos que hay parte de este trabajo que seguirá existiendo. Por una parte porque hay personas/familias que en todo caso necesitan ayuda, ya sea por cuestiones de edad, de salud, de tiempo… Por otra porque hay mujeres que no van a renunciar a ello por la razón que sea. Por ello, además de remitirme de nuevo a la exigencia de políticas públicas, especialmente para el primer caso mencionado, yo abogaría por cambiar la concepción de ese trabajo. Así, en lugar de pretender revalorizarlo en la lógica del capital, sería posible entenderlo más bien como un trabajo complementario, como un trabajo que realizan jóvenes y/o estudiantes de ambos sexos para costearse gastos, por ejemplo.

Mientras que en España o Latinoamérica este trabajo está tan íntimamente ligado a la clase que es complicado que alguien joven de clase media y con estudios lo realice, en otros países de tradición más igualitaria no es infrecuente que sean estudiantes de universidad quienes limpien o ayuden en las casas. De esta manera se rompería su vinculación con el género, con la doble jornada e incluso con la clase, ya que podrían realizarlo jóvenes o estudiantes en tanto que, como he dicho, trabajo complementario mientras terminan los estudios o complementan otra ocupación. Pero, como dije al principio, el debate tiene aun mucho recorrido.






Como algun@ ha dicho ya, pagarhttp://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png a alguien para que limpie la casa es simplemente un lujo que se basa en aprovechar deliberadamente una condición de desigualdad. Salvo excepciones de gente que efectivamente pueda estar impedida para hacerlo, como gente de avanzada edad o minusválidos.

Por otro lado, si hablamos de pagar trabajo doméstico y no sólo pagar por limpiar, sí que es verdad que puede haber casos donde no sea un lujo sino una necesidad: cuidar a niños pequeños mientras la familia esté obligada a trabajar, por ejemplo. En este caso yo creo que una actitud coherente sería como mínimo pagar a la cuidadora por su tiempo de trabajo el mismo precio que te pagan a ti por el tuyo.

De todas formas es obvio que el asunto, como los demás, no se soluciona apelando a que los empleadores sean "buenas personas", sino buscando soluciones colectivas: igualdad salarial, reducción de la jornada laboral, permisos laborales o cuidado gratuito por parte del Estadohttp://cdncache1-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png siempre que haya personas dependientes a cargo, etc. Y eso pasa en parte por la organización sindical de las trabajadoras domésticas, que a pesar de algún destello de vez en cuando sigue siendo anecdótica.

SAD - Artículo de una cuidadora


Cuando hablamos de SAD, somos los y las profesionales las que invadimos la intimidad de estas personas y esto hace que nuestra intervención, más allá de las diferencias técnicas (espacios adaptados, camas articuladas, ayudas técnicas) sea mucho más compleja. Se requieren grandes dosis de respeto y de paciencia, sobre todo teniendo en cuenta que no podemos hacer diferencias entre las personas por su idiosincrasia y, al estar en su terreno, hacerles cambiar aquellas cosas que creemos que van a mejorar su calidad de vida es, a veces, un camino largo y difícil.
Hay que desarrollar grandes dosis de empatía y cuidar mucho la calidad de la relación sin implicarse, evaluar las necesidades, los riesgos. Aunque la Trabajadora Social hace una evaluación inicial es en el día a día donde se van perfilando las necesidades de servicio o recursos.
Durante nuestra jornada visitamos una media de 7 personas. Todas tienen problemáticas muy distintas. Nos enfrentamos cada día a la soledad, el aislamiento, la depresión, el abandono, el abuso, el alcoholismo, las drogas, la decadencia física y mental, la enfermedad y la muerte. Hay que ser muy profesional para mantener el equilibrio emocional día a día.
Grandes dosis de ética
No quiero que nadie piense que siempre tratamos con las miserias de la vida. Tratamos también con familias maravillosas, personas que nos dan lecciones de vida y que nos hacen pasar ratos muy divertidos.
Otras veces sientes un poco de desazón al cerrar la puerta de una casa, limitada por el tiempo que te dan, pero según sales a la calle tienes que olvidarte de lo que dejas atrás para centrarte en lo que tienes por delante.
Además, una buena profesional de este campo debe tener grandes dosis de ética. Tratamos con personas muy vulnerables y que casi siempre tienen una fe incondicional en nosotras. Este trabajo requiere una autorreflexión constante sobre tu intervención. No puedes en ningún momento dejarte llevar por la rutina porque si lo haces, si dejas de escuchar hasta los silencios, de observar las pequeñas cosas día a día, automáticamente dejas de darte cuenta de cómo van cambiando las necesidades de las personas.
Las trabajadoras del SAD
Sobre el colectivo diría que, si tenemos en cuenta que el 99% de las trabajadoras del SAD son mujeres de mediana edad y un elevado porcentaje con cargas familiares, tenemos la sopa ideal para un trabajo duro, mal remunerado y poco reconocido.
Su regulación ha ido dando bandazos y no acaba de consolidarse aunque constantemente se anuncia que van a darse pasos en ese sentido.
Por otra parte, considero personalmente que la formación que se imparte es irregular, la mayor parte de las veces insuficiente y superficial. No entiendo que un trabajo tan duro físicamente no incluya la educación física en su curriculum cuando es tan importante para la salud de las trabajadoras. No creo que una charla sobre ergonomía sea suficiente, y es lo que hay.
Por otro lado el abanico de funciones que realizamos está lleno de ambiguos límites lo que hace que mientras en algunos sitios nos confunden con enfermeras en otros nos confundan con “empleadas del hogar”.
Para terminar diré que, pese a todo, es muy gratificante ver como puedes mejorar la calidad de vida de muchas personas, como puedes cambiar la soledad por compañía, la dejadez por el aspecto físico por la ilusión de sentirse más guapa, borrar un “nadie se preocupa por mí”, ayudar a las familias a preparar el tránsito de un ser querido, apoyar a aquel cuidador o cuidadora que necesita que le cuiden…; tantas pequeñas cosas que vas dejando

martes, 6 de mayo de 2014

DIA DE LA MADRE

En 1870 la escritora estadounidense Julia Ward convocó a todas las madres del mundo a rebelarse contra la guerra, en una desgarradora proclama pacifista que mantiene su vigencia.
La proclama convocaba a un Congreso Internacional de Madres para promover alianzas entre diferentes nacionalidades y el arreglo amistoso de cuestiones internacionales.
Las reacciones conservadoras lograron traducir aquella propuesta en la celebración comercial del Día de la Madre que se ha generalizado en buena parte del mundo.
¡Levántense, mujeres de hoy! ¡Levántense todas las que tienen corazones, sin importar que su bautismo haya sido de agua o lágrimas! Digan con firmeza: ‘No permitiremos que los asuntos sean decididos por agencias irrelevantes. Nuestros maridos no regresarán a nosotras en busca de caricias y aplausos, apestando a matanzas. No se llevarán a nuestros hijos para que desaprendan todo lo que hemos podido enseñarles acerca de la caridad, la compasión y la paciencia’. Nosotras, mujeres de un país, tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro país, como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los suyos. Desde el seno de una tierra devastada, una voz se alza con la nuestra y dice ‘¡Desarma! ¡Desarma!’ La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia es señal de posesión.
Julia Ward, Proclama del Día de las Madres, 1870

lunes, 28 de abril de 2014

CUIDADORAS, UNA CONTRADICCION EN LA IGUALDAD DE GENERO

El término "calidad de vida en el trabajo" incluye otros aspectos tales como autonomía, promoción y formación.

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Y ahí entra la contradicción en la igualdad de género. Las mujeres cuidadoras.

Las mujeres cuidamos vitalmente a los otros (desde su infancia hasta su muerte). Cuidamos su desarrollo, su progreso, su bienestar, su vida y su muerte.

Se nos dice que la condición de cuidadoras nos gratifica afectivamente, pero el mundo está gobernado por el dinero, por el poder político,  por lo que cobramos profesionalmente o no cobramos en el ámbito familiar.

Y esto no es gratificante, es amoral, es una utilización simple y dura de nuestra condición de mujeres. Es una contradicción, una desigualdad y una verdadera injusticia, porque nuestra sensibilidad en los cuidados son explotados por el poder político.

Nos obligan a descuidarnos para cuidar a los demás. Nuestro tiempo, nuestras energías, sirven de inversión y lucro para los recursos cuyos destinatarios no somos nosotras.

Como siempre hemos cuidado a otros a la manera tradicional, se inventa en los años 70 el oficio de cuidadoras, con ánimo de lucro. Pero un lucro que desprotege a la mujer, que no permite conciliar su vida personal con la familiar ni laboral, que la desgasta psíquica y físicamente.

El resultado son millones de mujeres atrapadas en la relación inequitativa entre cuidar y desarrollarse. La cultura patriarcal, fomenta en las mujeres la satisfacción del cuidado, convertido en deber histórico, y por tanto en la necesidad social de participar en procesos educativos, laborales y políticos para sobrevivir en esa sociedad capitalista.

Pero las mujeres sabemos hoy en día que esto es contradictorio, no es equitativo, no ES IGUALDAD Y NO ES CONCILIACION.

Los hombres se posicionan muy poco a poco en los espacios domésticos, laborales e institucionales cuando se trata de cuidar, porque ellos no pueden descuidarse, nosotras si. Nosotras podemos dejar de trabajar para cuidar, podemos reducir nuestra jornada de trabajo o solicitar excedencias, ellos no.

Nuestra pregunta es ¿ Cuidar a un semejante es ser inferior?  El cuidado es una de las mayores contradicciones de género entre mujeres y hombres, es uno de los mayores obstáculos en el camino a la igualdad por su inequidad. Por ello, debemos romper con la naturalidad del cuidado por género.

El feminismo ha denunciado la explotación de las mujeres a través del trabajo invisible y de la desvalorización de muchas de sus actividades, incluido el trabajo asalariado. Sin embargo, el deber de las mujeres de ser cuidadoras, la doble jornada y su resultante doble vida, obliga a esta sociedad a replantearse que deben efectuarse cambios muy profundos en la organización socioeconómica, en la división del trabajo, de los espacios, en el monopolio masculino de dinero, los bienes económicos y en la sociedad y el Estado. Los cambios deben producirse en las mentalidades de las mujeres, para luchar por ellos. No se puede seguir aceptando que la mujer puede con todo. Y si puede, no debe.

Los cuidados son gratificantes si no son una pura explotación para las mujeres. Son gratificantes si mejoran la calidad de vida de las mujeres, liberando su tiempo para su desarrollo personal.

Y las mujeres no podemos pensar que hemos logrado todas las metas de transformación de género cuando el género es su categoría social, porque pertenecemos a la mayoría pobre y cuidadora del mundo.

La idea fuerza en torno al cuidado es la valoración de la dimensión empática y solidaria del cuidado que no conduce al descuido ni está articulado a la opresión.

De ahí la contribución de las feministas: primero, al visibilizar y valorar el aporte del cuidado de las mujeres al desarrollo y el bienestar de los otros; segundo, con la propuesta del reparto equitativo del cuidado en la comunidad, en particular entre mujeres y hombres, y entre sociedad y Estado. Y, tercero, la resignificación del contenido del cuidado como el conjunto de actividades y el uso de recursos para lograr que la vida de cada persona, de cada mujer, esté basada en la vigencia de sus derechos humanos. En primer término, el derecho a la vida en primera persona.

Y ahora trataremos el tema de los cuidados a nivel profesional, y en concreto el servicio de ayuda domiciliaria, de la cual nuestra Asociación se hace eco.

Debido al envejecimiento de la población en Euskadi, surge la necesidad de atender en su propio domicilio, por  los cambios del modelo familiar, a las personas mayores.



Para atender esta gran necesidad en la sociedad, se recurre a 2 colectivos feminizados:
.- Mujeres que forman parte de unidades familiares desestructuradas (divorciadas, viudas, madres solteras, en definitiva MONOPARENTALES)
.- Mujeres, que a consecuencia de la reestructuración laboral, tienen a su cargo, el peso de la familia como tal, debido a que sus cónyuges se encuentran en situación de desempleo y con una edad de difícil acceso al mercado laboral.
Por consiguiente, ante esta necesidad, se IMPROVISA a lo largo de los años, para dar BIENESTAR SOCIAL a los usuarios que atendemos, sin tener en cuenta, el BIENESTAR SOCIAL de las propias mujeres, el cuidado a nivel profesional.
Remarcamos únicamente MUJERES, ya que esta sociedad se vuelve a olvidar de los derechos de las mismas.
Se crea una verdadera DESIGUALDAD a todos los niveles, ya que utilizan descaradamente a las mujeres, para efectuar unos cuidados, que sobreentienden son tarea exclusiva de ellas, sin ningún tipo de formación profesional, ni reconocimiento social y mucho menos a nivel laboral, ya que:
A partir del año 1982, la Administración se ve abocada a regularizar el sector de ayuda a domicilio,  debido a las irregulares laborales, e ilegalidad patente en cuanto a la contratación del colectivo que han utilizado.
En unos casos, entran empresas de limpieza, y en otros, las propias trabajadoras se constituyen en sociedad cooperativa sin ánimo de lucro, para cubrir un servicio enmarcado dentro de la actual Ley de Dependencia.
 El aumento de este servicio de apoyo tanto a las personas mayores como el respiro del familiar (otra vez mujeres), y el incremento de las necesidades que se van incorporando dentro del departamento de Bienestar Social, donde se incluyen a dependientes como:
.-  Niños tutelados o de acogida
.- Niños con discapacidades (psíquicas y/o físicas)
.- Adultos con las mismas características anteriores
.- Personas con exclusión social.
.- Colectivos  donde no se incluyen únicamente marginados, por el cambio de perfil del usuario.

OBLIGA a los Servicios Sociales, a implantar un protocolo de actuación, a exigir a las empresas encargadas del servicio de ayuda a domicilio  a formar profesionales del sector, dada la complejidad de los colectivos a los cuales hay que dar atención, pero contando siempre con las mismas profesionales del sector .
La intervención social se organiza en torno a la noción de “ayuda” con el objeto de mantener y respetar todas las potencialidades de los individuos, es decir su autonomía, permaneciendo en su medio habitual de vida.
Si el objetivo básico es incrementar la autonomía personal en el medio habitual de vida, la estructuración de este servicio denota una baja calidad.
 No se puede admitir que los CONCURSOS PÚBLICOS donde se prestan servicios sociales en beneficio de la comunidad, con dinero público, se otorguen a empresas privadas, con ánimo de lucro, y además se valore con una importante puntuación, la concesión del servicio de ayuda a domicilio, por  el precio/hora, que generalmente se adjudica a la empresa que oferta a la baja fines de lucro para dichas empresas, A costa DEL ESFUERZO, PROFESIONAL, PRECARIEDAD LABORAL, Y PÉSIMAS CONDICIONES SALARIALES, DE LAS PROFESIONALES QUE EJECUTAN EL PROPIO SERVICIO DE AYUDA A DOMICILIO.
No se puede permitir que las auxiliares domiciliarias desarrollen su trabajo en diversos domicilios de los usuarios, NO contabilizando el tiempo de desplazamiento como trabajo efectivo, ocasionando que su jornada diaria y semanal supere la cantidad de horas contratadas, PORQUE INCUMPLE SU DERECHO A CONCILIAR.
 En resumen, el objetivo general de los SAD se debería desarrollar para beneficio de los usuarios, y no para lucrarse ninguna empresa privada, a costa  de las propias trabajadoras que ejecutan el servicio de ayuda a domicilio, y de los propios usuarios que deben soportar los intereses privados de dichas empresas
EN CUALQUIER CASO, CUANDO SE TRATA DE UN SERVICIO PÚBLICO, LA RESPONSABILIDAD DE SU CALIDAD CORRESPONDE SIEMPRE A LA INSTITUCIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN DE QUIEN DEPENDE, YA SEA LOCAL, PROVINCIAL O AUTONÓMICA.
Todos los estudios indican que, debido al aumento del envejecimiento de la población, el coste económico de sus necesidades dentro de los servicios sociales, va a ser difícilmente soportable.
Por consiguiente: Si no conseguimos cambios conductuales en los usuarios, tendentes a mejorar su calidad de vida, si no fomentamos el desarrollo de hábitos saludables,  si no potenciamos el desarrollo de actividades en la propia casa,  dentro de las posibilidades del usuario, si no adecuamos el servicio de ayuda a domicilio, establecido con unos fines muy específicos y si  no se trabaja en la dirección de prevenir y rehabilitar al usuario en su entorno de vida.

Aumentaremos el grado de dependencia y su coste económico.

EL SERVICIO DE AYUDA A DOMICILIO, es el pilar fundamental de la LEY DE DEPENDENCIA, dentro de los propios SERVICIOS SOCIALES
A lo largo de todos estos años, todas las políticas encauzadas hacia un modelo de atención comunitaria, han ido encaminadas al mantenimiento de las personas en su entorno de vida, como derecho fundamental, y además como política económica sostenible.


LA MAYOR DIGNIFICACION DE LAS MUJERES CUIDADORAS ESTRIBA EN UNA MAYOR FORMACION PROFESIONAL, MEJORES SALARIOS Y CONDICIONES LABORALES.
LOS BENEFICIOS ECONOMICOS Y EL BIENESTAR SOCIAL, DEBEN REPARTIRSE EQUITATIVAMENTE, SIN DISCRIMINACIONES DE NINGUN TIPO.


Elaborado por:
Mª Eulalia Díaz Aguado Jalón
Técnico Superior en atención a personas dependientes.
Delegada de Prevención de Riesgos Laborales.
Delegada Sindical de ASADE.
Experta en intervención con Mujeres víctimas de Violencia de Género.

Mª Eugenia Pardo Carasa

Técnico Superior en Igualdad de Género
Técnico de formación en Igualdad de Género
Delegada de Prevención de Riesgos Laborales
Auxiliar Domiciliaria
Secretaria General del Sindicato Profesional ASADE
Presidenta de la Asociación ASADE

miércoles, 19 de febrero de 2014

CUENTA HOTMAIL DE ASADE

MUY IMPORTANTE:

Nos han hackeado la cuenta de hotmail/outtlock a través de un correo electrónico de confirmación, suplantando a microsoft, y están enviando mensajes diciendo que Juan Carlos Rodriguez necesita ayuda . NO ABRAIS ESE CORREO PORQUE SE INFECTA VUESTRO ORDENADOR. En el transcurso de hoy, abriremos otra cuenta y pasaremos a todos los contactos que tenemos un correo donde informaremos donde teneis que dirigiros para contactar con nosotros. 

Compartirlo para que lo conozca la mayor gente posible, este aviso. Repetimos, no abrais ese correo, viene a nombre de cati... asade Asade , pero con nuestro antiguo correo que en lugar de un punto han puesto un guion.

miércoles, 5 de febrero de 2014

LAS MUJERES COMO CUIDADORAS

Así, son las mujeres quienes cuidan vitalmente a los otros (hombres, familias, hijas e hijos, parientes, comunidades, escolares, pacientes, personas enfermas y con necesidades especiales, al electorado, al medio ambiente y a diversos sujetos políticos y sus causas). Cuidan su desarrollo, su progreso, su bienestar, su vida y su muerte. De forma similar, mujeres y hombres campesinos cuidan la producción y la tierra y las y los obreros la producción y la industria, la burguesía cuida sus empresas y sus ganancias, el libre mercado y hasta la democracia exportada a países ignorantes. La condición de cuidadoras gratifica a las mujeres afectiva y simbólicamente en un mundo gobernado por el dinero y la valoración económica del trabajo y por el poder político. Dinero, valor y poder son conculcados a las cuidadoras. Los poderes del cuidado, conceptualizados en conjunto como maternazgo, por estar asociados a la maternidad, no sirven a las mujeres para su desarrollo individual y moderno y tampoco pueden ser trasladados del ámbito familiar y doméstico al ámbito del poder político institucional. La fórmula enajenante asocia a las mujeres cuidadoras otra clave política: el descuido para lograr el cuido. Es decir, el uso del tiempo principal de las mujeres, de sus mejores energías vitales, sean afectivas, eróticas, intelectuales o espirituales, y la inversión de sus bienes y recursos, cuyos principales destinatarios son los otros. Por eso, las mujeres desarrollamos una subjetividad alerta a las necesidades de los otros, de ahí la famosa solidaridad femenina y la abnegación relativa de las mujeres. Para completar el cuadro enajenante, la organización genérica hace que las mujeres estén políticamente subsumidas y subordinadas a los otros, y jerárquicamente en posición de inferioridad en relación a la supremacía de los otros sobre ellas. Las transformaciones del siglo XX reforzaron para millones de mujeres en el mundo un sincretismo de género: cuidar a los otros a la manera tradicional y, a la vez, lograr su desarrollo individual para formar parte del mundo moderno, a través del éxito y la competencia. El resultado son millones de mujeres tradicionales-modernas a la vez. Mujeres Atrapadas en una relación inequitativa entre cuidar y desarrollarse. La cultura patriarcal que construye el sincretismo de género fomenta en las mujeres la satisfacción del deber de cuidar, convertido en deber ser ahistórico natural de las mujeres y, por tanto, deseo propio y, al mismo tiempo, la necesidad social y económica de participar en procesos educativos, laborales y políticos para sobrevivir en la sociedad patriarcal del capitalismo salvaje. Así, el deseo de las mujeres es contradictorio: lo configura tal sincretismo. Los hombres contemporáneos no han cambiado lo suficiente como para modificar ni su relación con las mujeres, ni su posicionamiento en los espacios domésticos, laborales e institucionales. No consideran valioso cuidar porque, de acuerdo con el modelo predominante, significa descuidarse: Usar su tiempo en la relación cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con los otros. Dejar sus intereses, usar sus recursos subjetivos y bienes y dinero, en los otros y, no aceptan sobretodo dos cosas: dejar de ser el centro de su vida, ceder ese espacio a los otros y colocarse en posición subordinada frente a los otros. Todo ello porque en la organización social hegemónica cuidar es ser inferior. Algunas tendencias minoritarias se abren paso pero incluso hombres que se pronuncian por relaciones equitativas están más dispuestos a ser amables con las mujeres o sumarse al algunas de las causas políticas del feminismo, que a hacer política feminista. El cuidado pues está en el centro de las contradicciones de género entre mujeres y hombres y, en la sociedad en la organización antagónica entre sus espacios. El cuidado como deber de género es uno de los mayores obstáculos en el camino a la igualdad por su inequidad. De ahí que, si queremos enfrentar el capitalismo salvaje y su patriarcalismo global, debemos romper con la naturalidad del cuidado por género, etnia, clase, nación o posición relativa en la globalización. El feminismo del siglo XX ha realizado la crítica del modelo “superwoman” y ha denunciado la explotación de las mujeres a través del trabajo invisible y de la desvalorización de muchas de sus actividades, incluso del trabajo asalariado, de la relativa exclusión de la política y de la ampliación de una cultura misógina simbólica e imaginaria. Ha logrado llevar a la agenda de las necesidades sociales, la violencia contra las mujeres y ha realizado pequeñas modificaciones jurídicas y legislativas en el Estado. Algunas corrientes contemporáneas ya no reiteran la desigualdad ni la violencia de género y, en cambio acuerdan con la igualdad entre mujeres y hombres y por un mundo equitativo. Sin embargo, nos queda por desmontar el deber ser, el deber ser cuidadoras de las mujeres, la doble jornada y la doble vida resultante. Y eso significa realizar cambios profundas en la organización socioeconómica: en la división del trabajo, en la división de los espacios, en el monopolio masculino del dinero, los bienes económicos, y en la organización de la economía, de la sociedad y del Estado. El panorama se vuelve complejo si se traslada el análisis con perspectiva de género a las relaciones entre clases sociales y entre países, por ejemplo entre países del norte y del sur, entre los 21 y los otros, etcétera. Se requieren a la vez, cambios profundos en las mentalidades. Es extraordinario observar cómo la mayoría de las mujeres, aún las escolarizadas y modernas, las políticas y participativas, las mujeres que generan ingresos o tienen poderes sociales diversos, aceptan como un destino, con sus modalidades, la superwomen– empresarial, indígena, migrante, trabajadora, obrera-. Con esa subjetividad de las mujeres subordinada a la organización social, a las instituciones como la familia, la iglesia y el Estado, y a los hombres, no estaremos en condiciones de desmontar la estructura sincrética de la condición de la mujer, imprescindible para eliminar las causas de la enajenación cuidadora y dar paso a las gratificaciones posibles del cuidado. La vía imaginada por las feministas y las socialistas utópicas desde el siglo XIX y puesta en marcha parcialmente en algunas sociedades tanto capitalistas como socialistas y tanto en países del primer y del tercer mundo, ha sido la socialización de los cuidados, conceptualizada como la socialización del trabajo doméstico y de la transformación de algunas actividades domésticas, familiares y privadas en públicas. Haberlo hecho ha significado mejoría para la vida de las mujeres, liberación de tiempo para el desarrollo personal, la formación, el arte, el amor y las pasiones, la amistad, la política, el ocio, la diversión, el deporte y el autocuidado, incluso, una mejoría en la calidad de vida y en la autoestima. Es evidente el desarrollo social, cultural y político de las sociedades que así se han estructurado. Una de las mayores pérdidas de las mujeres de los países que antes fueron socialistas y se han convertido de manera drástica al capitalismo en tiempos neoliberales ha sido la de el sustento social que significaba el Estado social para sus vidas. En la actualidad han vuelto a ser su responsabilidad un conjunto de actividades que la transformación socioeconómica ha tornado domésticas, privadas y femeninas. Y lo mismo está sucediendo aún en países capitalistas de alto y medio desarrollo en los cuales se ha adelgazado al Estado de una manera violatoria de los derechos sociales construidos con muchos esfuerzos en gran medida por los movimientos socialistas, obrero y feminista. La alternativa feminista contemporánea que se abre paso en gran parte del mundo en el siglo XXI tiene sus ojos puestos en la crítica política de la globalización dominada por el neoliberalismo patriarcal de base capitalista depredadora. La opción que busca avanzar en el desarrollo de un nuevo paradigma histórico cuya base sea un tejido social y un modelo económico que sustente el bienestar de las mayorías, hoy excluidas, marginadas, expropiadas, explotadas y violentadas. Pensamos que sólo una alternativa de este tipo será benéfica para la mayoría de las mujeres, sus otros próximos, sus comunidades y las regiones y los países en que viven. Estas transformaciones de género están circunscritas e íntimamente ligadas a transformaciones equitativas de clase, étnicas y nacionales, enmarcadas en la construcción de naciones con derecho al desarrollo sustentable y en una globalización solidaria y democrática. De no articularse las transformaciones de género con estas últimas pueden observarse distorsiones significativas como las que se dan en la actualidad: mujeres dotadas de recursos y derechos de género que son ciudadanas de naciones hegemónicas, militaristas y depredadoras de otras naciones y pueblos donde habitan mujeres con las que se identifican en la construcción de sus derechos y oportunidades. También hay hombres cuya identidad es la de ser avanzados, democráticos y progresistas que no consideran importante la emancipación de las mujeres. Estados que colocan a las mujeres entre los grupos vulnerables y no las miran como sujetos políticos. Países en los que, a través de las acciones afirmativas, por ejemplo las cuotas, todavía negociamos el grado de exclusión política de las mujeres, y se consideran democráticos. Mujeres que piensan que ya lograron todas las metas de transformación de género y no se percatan que “el género” es su categoría social y a ella pertenece la mayoría pobre y cuidadora del mundo: las mujeres. Por eso, la otra dimensión de esta alternativa feminista es el empoderamiento de las mujeres como producto de la construcción de un nuevo paradigma histórico. El empoderamiento es el conjunto de cambios de las mujeres en pos de la eliminación de las causas de la opresión, tanto en la sociedad como, sobre todo, en sus propias vidas. Dichos cambios que abarcan desde la subjetividad y la conciencia, hasta el ingreso y la salud, la ciudadanía y los derechos humanos, generan poderes positivos, poderes personales y colectivos. Se trata de poderes vitales que permiten a las mujeres hacer uso de los bienes y recursos de la modernidad indispensables para el desarrollo personal y colectivo de género en el siglo XXI. Todos esos poderes se originan en el acceso a oportunidades, a recursos y bienes que mejoran la calidad de vida de las mujeres, conducen al despliegue de sus libertades y se acompañan de la solidaridad social con las mujeres. La participación directa de las mujeres en la transformación de su mundo y de sus vidas es fundamental y conduce también a la construcción de un mayor poder político y cultural de las mujeres que crean vías democratizadoras para la convivencia social. El cuidado, ha dejado de ser para otros y se ha centrado en las mujeres mismas. La sociedad, en un compromiso inédito cuida a las mujeres, es decir, impulsa su desarrollo y acepta y protege su autonomía y sus libertades vitales. En ellas va incluida la libertad de elecciones vitales, de actividades, dedicación e identidad: Es el fin del cuidado como deber ser, como identidad. En el siglo XXI ha de cambiar el sentido del cuidado. Hemos afirmado muchas veces que se trata de maternizar a la sociedad y desmaternizar a las mujeres. Pero ese cambio no significará casi nada si no se apoya en la transformación política más profunda: la eliminación de los poderes de dominio de los hombres sobre las mujeres y de la violencia de género, así como de la subordinación de las mujeres a los hombres y a las instituciones. Es decir, el empoderamiento de las mujeres es un mecanismo de equidad que debe acompañarse con la eliminación de la supremacía de género de los hombres, la construcción de la equidad social y la transformación democrática del Estado con perspectiva de género. Para la mayor parte de las corrientes feministas contemporáneas la articulación de lo personal con lo social, lo local y lo global conforma la complejidad de nuestro esfuerzo. La idea fuerza en torno al cuidado es la valoración de la dimensión empática y solidaria del cuidado que no conduce al descuido ni está articulado a la opresión. De ahí la contribución de las feministas: primero, al visibilizar y valorar el aporte del cuidado de las mujeres al desarrollo y el bienestar de los otros; segundo, con la propuesta del reparto equitativo del cuidado en la comunidad, en particular entre mujeres y hombres, y entre sociedad y Estado. Y, tercero, la resignificación del contenido del cuidado como el conjunto de actividades y el uso de recursos para lograrque la vida de cada persona, de cada mujer, esté basada en la vigencia de sus derechos humanos. En primer término, el derecho a la vida en primera persona.

viernes, 3 de enero de 2014

LOS CUIDADOS DE LAS MUJERES

TALLER REALIZADO POR LA ASOCIACION ASADE EN LA CASA DE LAS MUJERES, BAJO EL TITULO DE " LA DESIGUALDAD DE LAS MUJERES ANTE EL TRABAJO DOMESTICO Y DE CUIDADOS"

jueves, 2 de enero de 2014

PARA LAS PERSONAS AFECTADAS POR EL INCENDIO DE TRINTXERPE

La Asociación de Intxaurrondo, INTXAUR TXIKI DANBORRAMBA, estará este sábado día 4 de enero en la plaza Sagastieder, desde primera hora de la mañana, para recoger alimentos, ropa y juguetes, para ayudar a todas las personas afectadas por los incendios de Trintxerpe.

Acudid y sed solidarios.


jueves, 5 de diciembre de 2013

VIOLENCIA DE GENERO



TEST DE ADVERTENCIA
Aprende a observar y detectar los comportamientos que van determinando el proceso de creación de una RELACION VIOLENTA.
                                                                                                                       Si       No    A veces
1.- Controla continuamente tu tiempo                                       ----     ----       -----
2.- Es celoso y posesivo                                                                       ----     ----       -----
3.- Te acusa de ser infiel y coquetear                                          ----     ----       -----
4.- Te desanima constantemente a salir o mantener              ----     ----       -----
       relaciones con los amigos o la familia.
5.- No quiere que estudies                                                             ----     ----       -----
6.- No quiere que trabajes                                                             ----     ----       -----
7.- Controla tus gastos y te obliga a rendir cuentas                 ----     ----       -----
8.- Te humilla frente a los demás                                                 ----     ----       -----
9.- Rompe y destruye objetos de valor sentimental                ----     ----       -----
10.- Te amenaza                                                                               ----     ----       -----
11.- Te agrede                                                                                   ----     ----       -----
12.- Te fuerza a mantener relaciones sexuales                         ----     ----       -----
13.- Agrede a los animales de compañía                                    ----     ----       -----
14.- Te desautoriza con habitualidad delante de tus hijos    ----     ----       -----
15.- Compite con los hijos por su atención.                               ----     ----       -----
Si has contestado positivo

Si, A veces, en las casillas 1,2,3
Te encuentras en el proceso de inicio hacia posibles maltratos.

Si, A veces, en las casillas 4,5,6
Te encuentras en el proceso de gestación de la dependencia

Si, A veces, en las casillas 6,7
Te encuentras en el proceso de control económico

Si, A veces, en las casillas 8,9,10
Te encuentras en el proceso de maltrato muy grave

Si, A veces, en la casilla 12
Eres una mujer violada

Si, A veces, en las casillas 13,14,15
Te encuentras en situación de maltrato psicológico/emocional.




La violencia contra las mujeres es una piedra angular que ilustra los conceptos limitados de los derechos humanos y pone de relieve la política de abuso contra las mujeres.
No es una violencia fortuita.
El factor riesgo es ser mujer.
El mensaje es la dominación: O te mantienes en tu lugar o tendrás que temer.

La violencia contra las mujeres es primordial para mantener esas relaciones políticas en el hogar, en el trabajo y en todas las esferas públicas.

Antes de afrontar el problema de la violencia conviene definir

La violencia psicológica es la más difícil de delimitar. Se trata de algo más serio que un insulto.
Incluye:
.- La humillación intensa y continuada
.- Las amenazas de violencia física
.- El control y vigilancia constante de las acciones del otro.
.- Los cambios de humor sin lógica.
.- La desaprobación continua… etc.

La diferencia entre agresión y maltrato la define su objetivo. Mientras la agresión se define por la lesión que provoca, el maltrato queda descrito con palabras como sometimiento, humillación, dominio, miedo, esclavitud, etc.

Es abuso, cualquier comportamiento encaminado a controlar y subyugar a otro ser humano, mediante el recurso al miedo y la humillación, y valiéndose de ataques físicos o verbales.

La agresión sádica, repetida y prolongada, se produce sobre todo en situaciones de cautiverio, especialmente cuando la víctima es prisionera o incapaz de escapar de la tiranía de su verdugo y es subyugada por la fuerza física o por imposiciones económicas, legales, sociales o psicológicas.

Las cadenas y los muros del hogar no se ven con claridad, son casi siempre invisibles, aunque no menos reales o insuperables.

La obra perfecta de la agresividad es conseguir que la víctima admire al verdugo.

Esta ansia irracional de dominio, de control y de poder sobre la otra persona, es la fuerza principal que alimenta la violencia doméstica entre las parejas.

domingo, 13 de octubre de 2013

viernes, 11 de octubre de 2013